Vamos ya por el cielo a volar, donde el recuerdo quedó

 “… Vamos ya por el cielo a volar, donde el recuerdo quedó…”

 Saltando en nubes hechas de copos de nieve, dejando rastros de polvo dorado que creaban nuevas estrellas en el cielo de agua azul. Una luz brillante llamo toda mi atención, pude ver desde lejos unos tirabuzones brillantes que le colgaban de la cabeza a una niña vestida de blanco sentada en el suelo verde mullido, me aturdía su risa pero tenía la sonrisa más tierna había visto. 


 Mientras iba oculta acercándome, la nena se convertía en una mujer, ahora no se sentaba en el pasto,iba dejando todos sus peluches olvidados, sus rizos quedaron atrapados, aplastados, su sonrisa se hizo cada vez más pequeña pequeña y pude ver a través de sus ojos, cómo se repetía una escena: su padre llegaba a su casa y lo primero que hacía era regalarle una una flor y después la abrazaba con un amor irrepetible.


Cómo el viento que no despeina, el domingo que no desvela, el sol que no inspira, el mar que no calma, la luna que no cambia , el loco que no lo niega, la noche que no hace preguntas, el agua no moja, el tiempo que no corre, el café que no despierta, el niño que no pregunta, el padre que no ama, ella empezó a dejar atrás las expectativas, aceptando lo que nunca pasó, abandonando sus sueños no cumplidos que imaginó. 


Yo solo le di un nuevo soplo de amor de ella misma, para ella misma.




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